jueves, 4 de diciembre de 2014

Disguise

Me gusta ese chaleco amarillo, debe ser la sensación de envolverme en una corteza física de mi talla, de mangas infinitas, de largo acogedor. Me envuelvo con ganas de llorar pero las lágrimas nunca llegan. Se me hinchan los ojos y pareciera que es sueño, pero es agobio, se me pasan las horas que parecieran minutos, pero es el tiempo en que debería estudiar.
Es tan contradictorio el entorno, esa burbuja a la que me ceñí por años sin comprenderla, con la esperanza de que en algún momento hiciera total sentido. Cómo dejar de culparme sin caer en un espiral de justificaciones; cómo no replicar los errores sin negar a la existencia la oportunidad de ser diferente.
Cómo mantener la fe si cuando la he mantenido me hiere. 
Cómo desenvolver la madeja de resentimiento y dolor para evitar que me ciegue el resto del camino; cómo dejar de evitar el camino difícil, aún conociéndolo, con el objetivo de vivir algo remotamente diferente y apabullantemente similar.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Not quite yet

Hago los pasos que nunca ensayé pero algo me dice que siempre los supe, desde un principio. Me corrigen, pero no me importa. Sigo, pero no quiero. Soy parte de un show sin sentido, un baile improvisado con trajes coloridos, en un idioma que ni nosotros entendemos.  Intentamos descifrar lo que dice a medida que la canción avanza, aparecen personajes nuevos de la nada con trajes cada vez más brillantes que deslumbran con la perfección de sus movimientos. El público está inmóvil, pendiente de su propio turno en el espectáculo hasta que de pronto todo se acaba, termina en un punto muerto que tomamos con seriedad. Pasamos frente a la galería ofreciendo las sobras, vendiéndolas a incautos que se han demorado en partir. No creo en el negocio y se nota. Que delicia sería si la mentira no estuvieran tan a la vista. Si no se leyeran las ganas de succionar hasta la última gota de escepticismo, para vanagloriarse cuando la razón se rinde y el cuerpo inerte se desprende de lo que tiene, entrega y pierde.
Es esto un trozo del gran espectáculo de la vida. Un concurso de talentos, una guerra contra la lentitud. Que si tan larga crees que es la vida que no la quieres alcanzar o si tan corta procuras que sea que avanzas rápido dejando todo atrás. Pesa el tiempo que dejas pasar tanto como el tiempo que ya pasó. Pesa el engaño que trae paz tanto como la verdad que causa disturbios. 
La podredumbre que intentaba erradicar aflora sin permiso, como una enredadera presta a cubrir la salida. La prisión interna ya no es sólo interna, es una cárcel de vidrio, una vitrina que el espectador que ose a mirar al lado nunca podrá descifrar del todo. El brillo a veces encandila, la oscuridad es tan uniforme que hace que todo quien la presencie pierda interés. Es un espectáculo que vale la pena, lleno de matices invisibles para quienes siempre tienen la razón, únicamente visibles para quien luego de admitirse grisáceo, descubre la empatía y la bruma de infinitas densidades que cubre todas las estructuras, la misma bruma inverosímil que agobia y se transparenta a ritmos incalculables e imposibles de seguir.

martes, 11 de noviembre de 2014

Slow motion

De pronto estoy tranquila, agradecida de las circunstancias azarosas y orgullosa de no intervenir esta vez para trastocar el curso razonable de mis días. Dejo que se me escape el deseo con un toque de esperanza infundada que cuelga de un lazo tan cercano como presto a desaparecer con el tiempo. 
De pronto el pensamiento se vuelve persistente. Y lo que al principio derramaba esperanza ahora luce enfermizo, porque quisiera hacer algo, pero ya he actuado antes. Ya he alterado lo que podría ser normal y saludable y lo he convertido en destrozos que por más que intente ignorar no puedo.
Por una vez me detengo y es mi misma voz la que reclama porque no soporto estar de brazos cruzados. Que nunca me arrepienta de las cosas que no hice, digo, pero tampoco es que no me arrepienta de las cosas que si hice. Quisiera saber cuán equivocada estoy esta vez, porque soñar para extender un tiempo inexistente es lo que menos necesito, tal vez, pero es lo que me ha mantenido cuando todo lo demás amenaza con desaparecer.
Hay tanto que ya ha salido mal en el pasado que la idea de arriesgarme una vez más me invalida y sienta un precedente, uno de los peores precedentes de mi propia historia. Y no es tan sólo el hecho de arriesgarme, lo que en realidad me abruma es recordar todas las consecuencias nefastas con las que sigo cargando, presa de rencor o en la barca del olvido, sin distinguir cuál de las dos es la peor forma de avanzar.